Una dama de negro llamada austeridad
Una luna llena intensa saludó al lunes. Un ramo de claveles rojos dormía junto a un piano de cola. En una esquina del balcón, una maceta de geranios se desperezaba con el primer clarear del día, justo cuando los periódicos proclamaban presidente de Francia a Hollande, el hombre del traje gris y aspecto de no haber roto jamás un plato. Ese francés, de nariz aguileña y ojos redondos, es la gran esperanza de 25 millones de europeos sin trabajo, de 30 millones de europeos cuyo mañana pende de un hilo y de otros 200 millones de ciudadanos del continente más viejo del planeta, que hace tiempo le arrancaron la sonrisa.
Sobre las anchas espaldas de este abogado con cara de no haber pasado jamás hambre se volcarán millones de sueños atropellados por una recesión brutal, un montón de vidas despedazadas para saciar el apetito voraz de los mercados, un monstruo de siete cabezas, que sólo entiende de números y las vidas sólo significan lo que una montaña de papel abrazada a la hoguera.
Porque esta vieja Europa camina sin aire en los pulmones, los pies descalzos y el rostro consumido por el vaivén infernal que imponen los mercados. Los estados laminaron sus soberanías en nombre de la austeridad, una señora de negro que absorbe las almas de los pueblos y luego se baña con su sangre.
En este territorio, donde Viriato se inmoló antes de doblar las rodillas, Cervantes bosquejó un plan para derribar molinos y gigantes y Lorca murió a balazo limpio por mirar a su verdugo de frente y sonreírle a la luna, los números invasores dictan consignas y desgarran historia y almas.
Pero esta gastada tierra, donde los viejos aprietan los dientes y saludan al sol como un amigo fiel, ya está cansada de recibir palabras rotas y silencios traidores, no quiere apretar la mano a quienes no conocen el árbol de la solidaridad, la sombra de la lealtad, el bosque donde se acunaron los hermanos. Esta gastada y noble tierra ya no quiere caminar al ritmo de otros pasos, y se ha parado; reconoce a sus hombres y mujeres, los reconoce a todos y sabe luchar contra los vientos. Y los números.
Foto: Carmen Vela




No Comments