Campeones de la austeridad

Mariano Rajoy explicaba el otro día por TV “las poderosas razones que el Gobierno tiene para aplicar su riguroso plan de austeridad y reformas”. Venía a decir que la austeridad consiste en no gastar lo que no se tiene. Fue una frase dirigida a todos los españoles, supongo.

Esa mañana, Xosé Santos, 54 años, albañil en paro, desayunó su pan migado delante del televisor.  Xosé, de Betanzos, pero hace años que habita con su familia en El Ferrol, cobra 400 euros de la prestación social. Tiene dos hijos. El mayor de ellos, Esteban, es albañil como el padre y, como el padre,  albañil en paro; el menor, Andresiño, de 15 años, estudia secundaria. La mujer, Xoana, tiene el reúma clavado en sus articulaciones de tanto fregar escaleras. Asiste a dos casas en la semana.

Un sol agradable añadía picante a la mañana, pero Xosé no estaba para novedades y cuando escuchó decir a su paisano gobernante lo de la austeridad, miró los pantalones remendados del hijo pequeño, rebañó unas migas de pan y se las llevó a la boca, y escupiendo rabia apagó el televisor. Austeridad a nosotros, pensó en voz alta Xosé, a nosotros que somos los campeones de la austeridad, manda carallo.

Los mercados no tienen sentimiento ni tienen alma. Lo que sí tienen los mercados es un enorme boquete en forma de estómago, donde le cabe todo y nadie pregunta su procedencia. Los mercados devoran y siempre quieren más; no conocen otra regla que no conduzca a la acumulación, a la multiplicación multimillonaria de sus activos por encima del coste humano, del sufrimiento de las familias. Una persona vale menos que un número.

El actual gobierno de España asegura que prometió pagar a los mercados y pagará por encima de todas las cosas, por encima de la sangre de la ciudadanía. El gobierno de España maneja dos adjetivos como dos espadas de fuego: reformas y austeridad. El objetivo es cumplir lo pactado con Angela Merkel y con Bruselas. No importa los millones de vidas que se quedarán en el camino. España sabe hacer sacrificios y es fiel cumplidora de sus pactos, dijo una vez el presidente.

Al mediodía, Xosé se ajustó el gastado tabardo, se alisó los cuatro pelos que le cuelgan por las orejas y apuró al hijo menor: “Andresiño, ponte el abrigo que nos vamos al comedor de los curas, que hoy ponen unos macarrones y de segundo unos huevos con chorizo de campeonato”.

Foto: Carmen Vela

 

José Manuel García-Otero

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