Mensaje para estos días
Esta noche no quiero brindar, porque puedo brindar por ti y por vosotros un lunes de septiembre o cualquier noche de agosto bajo un manto de estrellas. Esta noche me quiero imaginar, amable lector, mi amigo, que te miro a los ojos y te digo un montón de cosas.
Sé que este año maldito que está a punto de irse no ha sido tu mejor año, que las luces se apagaron de repente y pusieron alambradas en tu horizonte, pero también sé que trataron por todos los medios de borrarte la sonrisa y no lo consiguieron, porque tu sonrisa se hizo fuerte y aun perdura como las nieves del Everest. No bajes tus brazos a la noche, ni al engaño de los codiciosos, ni a la burda palabra de aquellos que dijeron que la libertad no existe y la memoria fue un amanecer con las piernas rotas.
Sé tú mismo, una brizna de aire que acaricia el rostro de la gente, una palada de luz que ilumina el camino de aquellos que tropiezan en la duda, esa voz que grita desde el fondo de algún corazón perdido y te dice que tus lágrimas llegan al mar de muchos corazones.
Esta noche quiero escribir un río de sílabas que no muera por disparos de ninguna dictadura, que la esperanza no se convierta en estatua de piedra y la lluvia riegue de prosperidad todo el valle que tanto trabajamos.
Esta noche quiero decir a los tahúres que barajamos a conciencia las cartas de la solidaridad; a los ladrones, que no pueden robar nuestro futuro; a los estafadores, que un océano de manos blancas ahogó en lealtad cualquier resquicio de manipulación; a los bandidos, que sus fechorías no quedarán impunes; a los mercados, que los números no matarán al hombre y el hombre remontará el vuelo; a los desesperados, que siempre existe un mañana y ese día está llamando a tu puerta.
A ti quiero decirte que juntos somos todos y nadie podrá vencernos. Hoy puedes mirarte al espejo y saludar al hombre que te sonríe, ese que siempre te esperó pese a las malas noches y a las puñaladas que te asestó el olvido. Desde esta orilla te llamo para que seamos uno y veas conmigo el amanecer que nunca fue lejano.
Foto: Carmen Vela




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