Madrid amanece
Si crees que lo que está sucediendo en este país llamado España es una injusticia tan grande como el océano Atlántico, te equivocas. Te equivocas también si piensas que esta gota que cae del grifo llamado vida, un día tras otro, casi a todas horas, y que llamas injusticia, se va a terminar. Te equivocas. Eres un iluso. Mañana habrá más. Porque las olas nunca huyen de su destino.
¿Has visto lo que ha sucedido en Madrid? El capitalismo más salvaje se ha apoderado de la epidermis de la capital del Reino. Poco a poco ocupan las calles de una capital que fue nuestra y un día soñamos, aquellos lugares que inspiraron a Quevedo y plasmó la mente de Goya, ahora visten de negro Chanel; las calles no son de todos, pertenecen al que más tiene. La vida diaria te ha dado una bofetada de realidad. ¿Qué esperabas, iluso, soñador, alquilado de las musarañas?
Los niñatos de traje de mil euros y sonrisas de diseño son los dueños de la situación; ellos ponen en la mesa la codicia y el engaño, tú lo que siempre tuviste: el trabajo y la decencia; ellos, la risa de plástico; tú y tu gente, toneladas de sudores y sufrimiento. Ellos ganan. Siempre ganan porque tienen la fuerza, el dinero y las bendiciones.
Ellos juegan con tu miedo y tus dudas. Ellos no te miran a los ojos, porque detrás reinan los truenos. Su corazón está hecho de hipocresía y acero. Tu alma tiembla. Tus manos preguntan. Pero el cielo no responde. Nunca responden las noches cuando arde el silencio.
No llames a la Justicia. Nadie viene cuando aún no ha nacido. Limpia tu sangre del asfalto y deja que tu voz se rompa en las aceras. Y camina. No te pares. Camina y abre los ojos: disparan a los que preguntan. Sale el sol un día cualquiera. Los coches no llegan muy lejos. Madrid amanece.
Foto: Carmen Vela




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