El hombre no sabe si tiene corazón o una bomba

El hombre de estos días ha endurecido el corazón y trata de arrancarse el alma de cuajo. Le sobra el alma y apenas tiene indicios sobre la utilidad del corazón. El hombre de estos días deduce que existe algo en su interior que late y le arrecian las dudas; no sabe si es un reloj o una bomba.

El hombre de estos días mide su valor por encima de su inteligencia. Para este pobre hombre, la inteligencia es una herramienta de supervivencia. Alguien ha dicho que en el mundo de los lobos mueren los corderos.

En este siglo XXI, un león con hambre tiene más misericordia que el hombre. El hombre de estos días mata, desgarra, destroza, arrasa, aniquila, extermina. El hombre graba su miedo en el pecho de otros semejantes y les dispara, luego huye lejos de sus sombras con una certeza corrosiva. Ya nadie conoce el mar más que para nombrar a los muertos.

En este siglo XXI, los viejos carecen de país y han borrado su memoria. La vida solo es un segundo que vale una sonrisa y luego ya no existe. La vida es el vuelo de una codorniz y luego el soplo metálico de una jaula donde se encierran las esperanzas de los pájaros.

Somos dos palabras juntas en medio del Universo, una colina a ciegas, la promesa que jamás se hizo carne, el alma rota de los que no esperan nada y sin embargo quieren. El hombre de estos días no deja de hacer ruido y mira con ojos de pánico. Ya no sabe si le late el corazón o es el reloj que está diciendo basta.

@butacondelgarci

Foto: José Luis Hachero

Milicianos árabes

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