Niño de aquí, niño de allí

Un niño de aquí sueña con los Reyes Magos, con Papá Noel, con San Nicolás, con la vuelta de un tío lejano que le traerá juguetes, con el regreso de papá después de una intensa jornada de trabajo, porque el niño de aquí sabe que papá, quizás mamá, guarda su beso más tierno, la mejor caricia de ángel, esa sonrisa tan luminosa que mañana, cuando vaya al cole, todavía le durará en sus mofletes. Papá o mamá, le contará un cuento tan real, tan mágico, que quedará sumergido en un sueño tan profundo y dulce como una colchoneta de algodón.

Mañana volverá a ser un día especial para el niño de aquí, aunque vaya al cole, porque en aquel lugar de tantos niños, la profesora le explicará casi jugando que dos y dos son cuatro, que el Quijote era un loco maravilloso y Velázquez un bigotudo que pintó una familia más bien feota, luciendo unos vestidos llenos de encajes y algodón.  Lo mejor de todo, niño de aquí, será el recreo, donde Pepito el pecas, se convertirá en Batman de Chamberí, aunque con algunos desconchones en la rodilla por los últimos aterrizajes inesperados.

A la salida del cole te espera mamá, quizás la abuela, o una tata con un acento extraño, que te sonríe siempre pese a que siempre está haciendo cosas en la casa. Y en la casa, niño de aquí, comerás protestando esa “comida de casi todos los días”, aunque te explican que el pollo es sano, las lechugas son necesarias y también te explicarán ese chisme tan aburrido que asegura  que Superman es fuerte y casi gigante porque de niño no paraba de comer cereales y plátanos. Pero a ti, niño feliz y de aquí, lo que más te gusta son los dulces de crema y las gominolas que saben a fresa y los dibujos animados con los animales más patosos del parque.

Mamá y papá, niño de aquí, no te dejan ver más tele porque verías las cosas feas que escupe el mundo, sobre todo verías a niños como tú que no tienen juguete y se encuentran hacinados en un país extraño y apenas entienden nada. Ese niño de allí tenía dos hermanitos, uno mayor y otro más pequeño. El mayor y su mamá se cayeron hace una semana al mar y el mar, como una ballena viscosa y hambrienta, se los tragó. El hermanito más pequeño, que como papá no dejaba de buscar a mamá, lloraba y lloraba… hasta que hace dos noches dejó de llorar y respirar. Papá dice que al bebé se lo llevó una estrella. El niño Said, que es sirio, no se despega ni un segundo de papá, porque siente frío y el miedo le da pellizcos por encima del vientre. De buena gana comería uno de esos dulces de la abuela, pero ya apenas se acuerda de la abuela.

Hoy ha venido al campamento de Idomeni una mujer muy guapa, dicen que sale en el cine, aunque Said no sabe qué es un cine. Él solo quiere que llegue la noche para sentir mejor el pecho caliente de papá. A lo mejor no llueve más, quizás salgan las estrellas y Said pueda ver la estrella ladrona que se llevó al bebé.

@butacondelgarci

Foto: José Luis Hachero

Ediciones El Butacon - hamid

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