Don Claudio

Conocí a Claudio Ranieri en su etapa española (entrenó al Valencia al que hizo campeón de Copa y al Atlético) y me llamó la atención su exquisita educación y trato afable con los periodistas, a los que, a diferencia de otros, no soltaba coces por la boca ni lanzaba miradas llameantes, tampoco te castigaba con latigazos de indiferencia cuando pasaba por tu lado, sino que su saludo siempre venía acompañado de una sonrisa cálida. No se abrazaba a las farolas, don Claudio, pero sabía muy bien cuál era el trabajo de cada uno y a cada uno le daba su sitio. Se trabajaba bien a su lado y no convertía, como hacen algunos colegas, el trabajo de un periodista en una merienda  sobre un campo de minas.

Por todo esto, y con independencia de los resultados, desde el minuto uno me cayó bien Claudio Ranieri. Y estoy seguro que, al igual que yo, muchos colegas se alegrarán de los éxitos cosechados por este romano de cráneo patricio y modales calcados al protagonista de la “Vita e bella”. Un tipo que ha entrenado a la Roma, Inter, Juventus, Chelsea, Mónaco, selección de Grecia, selección de Japón…Alguien que, según algunos analistas, enfilaba la cuesta abajo del retiro y que estaba a punto de ser “enterrado” en el cajón afilado de los olvidos, se vino arriba y sonrió con sus ojillos de luz de cualquier fontana del Trastévere cuando los dirigentes del Leicester, un club modesto de una pequeña ciudad obrera del centro de Inglaterra, que el pasado año salvó la categoría en el último minuto.

Ranieri, allenatore trotamundos, tiene una máxima: “El trabajo y la humildad son dos hermanos que lo consiguen todo”, y sus pupilos del Leicester se lo creyeron. Con las manos gatunas de Schmeichel, el hijo del danés del mismo nombre, que hizo historia defendiendo la camiseta del Manchester United, los goles de Jamie Vardy, máximo goleador de la Premier, el talento de Mahrez, el trabajo de Kanté (un Makelele de nuestros tiempos, pero con más cualidades físicas y calidad: un fenómeno por el que suspira el mismísimo Madrid), la picardía de Okazaki y el oportunismo de Ulloa, el Leicester fue sumando y sumando, sumando y sumando…

Ahora todos celebran el triunfo de este equipo y, sobre todo, el de su timonel: Claudio Ranieri. Hasta José Mourinho ha tenido palabras de elogio sobre él y se ha alegrado: “Tengo una gran relación con Pochettino y valoro su gran trabajo con el Tottenham, pero creo que Ranieri y su trayectoria se merecían un triunfo. Es un buen hombre y le respeto”.

Con el título de campeón de la Premier League latiéndole en el pecho, Claudio Ranieri, de corazón gigante, lloró emocionado, porque llorar es de valientes y sus lágrimas nos llegaron a todos. Qué ejemplo para las personas de la calle en un mundo donde la codicia y la deslealtad es lluvia que huele a fango.

@Butacondelgarci

 

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