La libertad no es esto

La libertad sólo reconoce la frontera del mar y las risas de los niños. La libertad  no tiene rostros ni colores, solo la luz del día y el silencio fresco de la noche. La libertad es una mano abierta, el beso de las olas, el canto que nace del viento y que el viento suelta cada amanecer. La libertad eran los ojos gastados de mi abuela que nunca se cansaron de mirarme y siempre vieron amor más allá de las espinas.

La libertad duerme en los olivos, bajo las rizadas ramas de los encinares, rasgando las sábanas frías del alba. La libertad no es un llanto de nubes desquiciadas, ni el grito acuchillado de la lluvia cuando crujen los riscos. La libertad es una puerta abierta, esa luz que vive en los ojos de la madre y vigila tus sueños.

La libertad no quiebra voluntades ni pone cadenas en una estrella. La libertad no es un grito que se deshace en el atardecer con la marea baja. La libertad no es un disparo que desgarra el aire y desparrama dolor en las tinieblas.

Nadie grita más lejos que un hombre libre ni más alto que un hombre justo. La justicia es un instrumento que duerme en los calabozos y nadie lo rescata. La dignidad baila en los laberintos de cobre que reinan en los templos.

Nadie puede matar en nombre de nadie. No existe ningún Dios que predique el odio y promulgue la muerte. Es la religión de los idiotas con bayoneta y goma-2. La libertad no puede ser esto. La libertad no tiene dueños. Vive más allá del mar, en la mirada de los niños. La libertad no muere porque habita en las estrellas.

Foto: José Luis Hachero

Ediciones El Butacon - lesbos

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