No me gusta la navidad

No me gusta la Navidad. No me gusta la Navidad porque todo se dispara hasta la desmesura: los ricos muestran sin pudor sus riquezas y los pobres, a la luz de los neones, parecen todavía más pobres. La Navidad es una gran mentirosa: muestra la cara oculta del hombre, su vestido sin remiendos, su sonrisa de cristal para la función de noche, esa que los espejos ocultan más allá de los bosques.

La Navidad huele a dulce pero no tapa el sudor de las personas ni el llanto de los niños ni esa voz que nadie escucha y se pierde en el desierto. La Navidad nos reparte abrazos espinados y manos que nos sangran con el roce. La Navidad es un silencio que se volvió loco, el rostro de piedra de alguien que no fue, la canción que nunca quiso escribir la mano de un poeta, porque el verso es un trozo de corazón que se desprende cuando sufres y el dolor es una de las verdades que no se esconden.

No me gusta la Navidad porque el odio se disfraza de cordero y el miedo camina de espaldas al abismo con las manos vacías y gritando MIEDO. No me gusta la Navidad porque mis abrazos se quedan en el aire y quieren más abrazos. No me gusta la Navidad en este lado de la calle porque en el otro lado la gente sigue matando en nombre de un Dios despiadado y racista. No me gusta la Navidad porque en medio de tanta gente hay mucha gente sola, entre tantas risas descorchadas hay alguien que no ríe y eso no me gusta.

La Navidad que a mí me gusta huele a mar y a campo, también huele a candela y a romero, y el rostro de la gente es un corazón que te abre la puerta. Esa Navidad huyó de nuestras calles y sigue escondida. Puede que un día salga sin temor a que nadie le dispare.

@butacondelgarci

Foto: Carmen Vela

Ediciones El Butacon - navidad

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